La docencia académica suele ser un puntapié para iniciarnos en el mundo laboral pero también, una decisión que lleva a una constante auto interpelación como profesionales de un campo en continua formación, como lo es el de la comunicación. Este trabajo surge y se acentúa aún más si las circunstancias y demandas nos ubican en contextos educativos que desconocemos.
 Por Valeria Albardonedo enialbardonedo@yahoo.com
Adentrarse en el ámbito académico desde la docencia requiere de un profundo aprendizaje que la mayoría de las veces se realiza paralelamente. Cuando se decide ejercer en una institución de la que no fuimos alumnos, este aprendizaje se convierte en una suerte de conjunto de reglas del juego a sortear en una segunda carrera, la de la vida profesional. Si bien solo se trata de culturas académicas distintas, es necesario y casi condicionante conocer sus códigos y discursos si se decide ser parte.
La experiencia se sitúa en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), institución que presenta una organización político – académica distinta a la de la UBA, principalmente dada por su estructura departamentalizada, característica que marca ya una diferencia sustancial en cuanto a contenidos tanto curriculares como simbólicos. En la UNCo, el departamento es la unidad académica básica y nuclea a profesores e investigadores de disciplinas afines para realizar tareas de investigación y docencia. Cada departamento posee un director, autoridad que se ocupa de los contenidos, estructura curricular y programas de todas esas disciplinas o materias que se dictan en cada una de las carreras. Las facultades son las unidades mayores y responden a la autoridad de un decano. Luego, la asamblea, órgano mayor de gobierno, facultada para elegir el rector.
Cómo formar parte de la academia
La forma de acceder a la carrera docente es por concurso de cargos y la categoría de inicio es el de AYP-3, ayudante de primera categoría. La mayoría de los concursos se realizan para acceder a cargos interinos (una especie de larga suplencia); la ayudantía es rentada (el básico ronda en este momento los $290). El supuesto “ayudante”, además de “ayudar”, tiene entre sus responsabilidades impartir clases prácticas y en ocasiones también teóricas. También, preparar cuadernillos, seleccionar bibliografía, corregir parciales y participar en las mesas de finales.
La situación concurso suele ser en este contexto, un ritual bastante complejo. Sorteo de temas, clase expositiva a cargo del postulante ante un tribunal de por lo menos tres docentes -entre ellos el titular de la cátedra- más un veedor de alumno y presentación de una propuesta de trabajo práctico -una clase práctica con fundamentación, objetivos, metodología, actividades y evaluación-. En la entrevista además de defender el trabajo práctico, el tribunal indaga sobre antecedentes, intereses y personalidad del postulante a través de una extensa batería de preguntas.
Crónicas de una concursante
La información que precede a estas líneas fue recabada en proceso. Sencillamente, prueba y error. Hasta el momento, en el camino hubo, afortunadamente, algunos aciertos que estuvieron guiados casi inconscientemente por una continua reflexión sobre la manera en que concibo la comunicación y los espacios a los que apunto para trabajar desde esa concepción.
Los primeros interrogantes fueron, entre otros: ¿desde donde quiero ejercer?, ¿cuál es mi opción epistemológica?, ¿qué quiero transmitir?, ¿qué puedo enseñar? Al ir conociendo las carreras y materias donde podía tener incersión, los interrogantes se multiplicaban y complicaban.
El recorrido comenzó, naturalmente, por la carrera de Comunicación Social que se dicta en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y con un plan de estudios (1) bien diferente al de la UBA. Las diferencias se sustentan en el recorte epistemológico hacia medios de comunicación, hecho que se marca también en la denominación y especificidad del grado en una y en otra – Comunicación versus Ciencias de- .
La cuestión curricular define tanto el perfil profesional como el docente requerido en la mayoría de las materias y orientaciones. Un dato que refleja esto es el título que se otorga; Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo, Gestión y Producción y Locución.
Por realizar tarde este rápido análisis de la cuestión curricular y desconocer el folklore no ingresé a Comunicación II, materia para la que se abrió un concurso regular, en el 2004. La regularidad a diferencia del interinato, brinda estabilidad en el cargo y a raíz de esto mayor soltura para acceder a cargos superiores. Por esto, los concursos de cargos regulares, se realizan para los docentes que ya están en carrera, no para los que quieren iniciarse. Información que – off the record- me llegó tarde, mucho después de haber rendido.
Pasé por otros episodios – concurso; de vuelta en Comunicación y en la Facultad de Ciencias de la Educación para la carrera de Psicología en la materia Historia de la Cultura, materia que depende del departamento de historia. Dato importante, aunque la materia es para psicología se priorizaba un marco histórico. Era condición entonces, trabajar con textos de historiadores de la cultura, cuestión que obvié y recurrí a textos fuente de Freud, y Casullo ya que el tema “Racionalismo, ilustración. Siglo XIX: El Romanticismo. El siglo de los comienzos del psicoanálisis” lo ameritaba consecuentemente. Después de este segundo intento, alguien me dijo que era conveniente ceñirse a la bibliografía obligatoria y respetar el marco teórico expresado en ella.
Mucho después llegó la oferta para una materia del área de Ciencias Básicas de la carrera de Medicina, que se dicta en la sede de la Escuela homónima. Aquí medicina es una carrera nueva, se creó durante la década de los 90’ y hace dos años se aprobó el ingreso irrestricto con la implementación de un Ciclo Introductorio integrado por cinco materias de las cuales dos, consignan contenidos de ciencias sociales.
El perfil profesional del egresado es el de médico generalista, perfil que dista notablemente de la formación que brindan universidades como la de Buenos Aires o Córdoba, que apuntan a una formación especializada. El generalista, en cambio, es un profesional de la salud orientado a la Atención Primaria de la Salud (2) (APS).
En el llamado a concurso se priorizaba la formación en ciencias sociales; puntualmente se requerían profesionales dispuestos a trabajar de forma interdisciplinaria, ya que una de estas materias, IEM (Introducción a los Estudios de la Medicina) se proponía como un espacio de articulación entre la vida universitaria y la comunidad en la que están insertos los estudiantes, priorizando el aprendizaje significativo como contenido procedimental y conceptual.
Por otro lado, en los contenidos mínimos se relacionaba a la comunicación con la educación para la salud y la participación comunitaria, dado que la materia también introduce a los estudiantes en algunos de los ejes que definen el perfil del generalista.
Para mi sorpresa, encontré en esta materia el espacio para poder insertarme en el ámbito académico desde la comunicación entendida como interacción y comunión: un espacio que comprendo y trato de ir construyendo día a día como praxis en el ejercicio profesional de la comunicación.
(1) En el 2002 el consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales (UNCo) aprobó el cambio de plan de estudios para la carrera de comunicación social. El plan nuevo comenzó a regir en el 2003. Puede consultarse en http://fade.uncoma.edu.ar/carreras/comunicacionlicplan.htm
(2) La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de la Salud (APS) celebrada en Alma Ata en el año 1978 la definió como la “atención sanitaria esencial, basada en la práctica, en la evidencia científica y en la metodología y la tecnología socialmente aceptables, accesible universalmente a los individuos y las familias en la comunidad a través de su completa participación, y a un coste que la comunidad y el país lo puedan soportar, a fin de mantener en cada nivel de su desarrollo, un espíritu de autodependencia y autodeterminación. Forma una parte integral tanto del sistema sanitario del país (del que es el eje central y el foco principal) como del total del desarrollo social y económico de la comunidad. Es el primer nivel de contacto de los individuos, las familias y las comunidades con el sistema nacional de salud, acercando la atención sanitaria el máximo posible al lugar donde las personas viven y trabajan, constituyendo el primer elemento del proceso de atención sanitaria continuada”
Agradecemos la colaboración de Valeria Albardonedo, Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Su experiencia desde Neuquén nos aporta un enriquecedor testimonio de uno de los tantos graduados que tienen que hacer su camino al andar, una vez finalizada la carrera.
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