Más allá de los todos los posibles juicios previos que podemos tener sobre el Japón y sus sistema de medios, la realidad muestra que el país del archipiélago se ha caracterizado por haber comprendido tempranamente su importancia y el valor que implican la participación del Estado y del sector privado.
 |
Tabla 1 - Tasa de Crecimiento Económico 1946 - 2004. Respecto del crecimiento históricamente experimentado por el Japón, una de las principales evidencias se halla en el hecho de que a la década de 1990 la denominan la “década perdida” ya que sólo tuvieron, durante ese período (1990-2004), un crecimiento anual del 1.2% aproximadamente. Nótese el sorprendente crecimiento logrado durante los años 1976 – 1980 y las medias anteriores. Fuente: JAPON, The Japan Journal, Tokio, Agosto 2005, pp. 3-7. |
Hoy sabemos que el Japón tiene una de las economías más pujantes y desarrolladas del siglo XX [Tabla 1], más allá del particular crecimiento experimentado tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial y donde el actual mercado de medios implicó un movimiento de unos Y113.8 trillones[1] anuales para el año 2000[2] y Y126 trillones anuales para el 2003[3], convirtiendo a las comunicaciones en una de las industrias más importantes del país del archipiélago [Gráficas 1].
Gráfica 1 - Industria de la información y las comunicaciones en la economía japonesa.
Esta gráfica compara el aporte que cada una de las industrias señaladas en ella realizó en la economía japonesa durante el año 2000[4].
Japón ha sabido desarrollar una PNC de largo plazo sostenida por el sistema educativo e industrial, que seguramente continuará, detalles más o menos, con el mismo rumbo. Esto es porque se trata de una postura que va más allá de lo que pueda ser una acción directa o circunstancial. Existe un respeto por el patrimonio común a todos, donde la colectividad aún se sustenta en la unidad del hogar, donde el 72.4% de los hogares son habitados por grupos familiares.
Sin embargo, este desarrollo no es algo reciente y tampoco un “logro” gestado durante el período de ocupación militar de los Estados Unidos hacia fines de la Segunda Guerra Mundial. Se trata, al contrario, del resultado de una valoración sobre la información y los medios para su distribución marcados por un fuerte componente social.
Antecedentes Históricos
La comunicación en Japón tuvo una muy reducida variedad de soportes de comunicación hasta el arribo de las naciones occidentales en 1853. Sólo la tradición oral y algunos escritos componían la estructura básica del sistema, junto con los caminos que unían a los distintos puntos de la nación.
A partir de 1854, Japón experimenta un proceso de aceleración en todas sus industrias. Los primeros impactos estuvieron dados con la aparición de los periódicos y por el arribo inmediato del telégrafo. Este desarrollo fue impulsado por el propio Estado y por “organizaciones comerciales” familiares. Uno de los casos más significativos se halla en la Shibaura Engineering Works (1875), una empresa que se había dedicado a la fabricación de equipos eléctricos y decidió diversificar su producción a los equipos para telegrafía. Claro está que este cambio tuvo su motivación en la demanda que el Estado era capaz de generar y, a la vez, de la capacidad de pago de la que éste disponía. Recordemos que el gobierno obtenía, en aquel momento, muy buenos ingresos como consecuencia de su política fiscal y del arrendamiento de las tierras de las sobre las cuales había tomado posición en 1858. En 1899, nacería la Nipón Electric Company Ltd. (NEC) y cuya actividad central era la fabricación de los primeros equipos para la instalación de las redes de telefonía.
Mientras el Estado actuaba como impulsor de los proyectos, la participación directa de las empresas privadas resultaba fundamental, ya que eran ellas quienes se ocupaban del desarrollo técnico de cada uno de ellos.
Para el año 1923, el gobierno de Japón contaba con una estructura de comunicaciones que le permitía tener el control absoluto de su territorio desde la capital del país, sustentada, básicamente en el desarrollo de los caminos y las líneas férreas. Sin embargo, esta infraestructura contaba con un punto débil que se manifestó el 1 de septiembre de 1923: un terremoto de 8.3 grados en la escala de Richter dejaron aislada a la capital del resto del país, la ayuda tardó en llegar y los daños fueron muy grandes. De ahí que el Estado, la gente y particularmente los técnicos que tenían conocimientos desarrollados en la materia, se dieron cuenta de que, de haber contado con una sistema de comunicaciones más y mejor desarrollado, la situación provocada por el terremoto hubiera sido más fácilmente resuelta, el número de víctimas hubiese sido menor y la ayuda desde el interior del país habría llegado antes.
No resulta curioso, entonces, que luego del terreno se pensase en un servicio de comunicación a partir del cual se difundiera toda la información de utilidad para toda la población. Podríamos considerar, entonces, que en este momento es cuando surge la idea primera de un servicio público, donde la figura central es el Estado porque la cosmovisión de la nación indicaba que lo que había sido dañado durante el terremoto había sido el “ôyake”, algo más que la suma del espacio público y privado.
La primera transmisión de radiodifusión en la historia del país se hizo el 22 de marzo de 1925 y fue realizada por la empresa estatal Tokio Broadcasting Station. El mismo año, se hicieron otras transmisiones, también por iniciativa del Estado, desde otros puntos importantes del país. En sólo un año, la popularidad de la radio había crecido hasta los 3.500 suscriptores solamente en Tokio. En 1926, el ministro de comunicaciones presentó un documento para la creación de un organismo nacional para la instalación y administración de estaciones de radiodifusión. A partir de dicho documento y en el transcurso de ese mismo año, se crea la Nippon Hoso Kyokai, más conocida por sus siglas NHK, conformando la primera red nacional de radiodifusión del Japón.
En su primera transmisión como red nacional, el gobernante de Tokio señaló que el principal propósito de este nuevo emprendimiento era en primer lugar proveer de iguales oportunidades culturales, lo segundo, reformar la vida dentro de cada uno de los hogares, lo tercero es la socialización de la educación y lo cuarto facilitar el desarrollo de la economía. El impulso dado a las redes de comunicación a su política asociada, llevó a que el Japón contara en 1928 con 7 estaciones transmisoras y que el funcionamiento de la red estuviera al 100% de su capacidad para el momento en que debería coronarse al nuevo Emperador, uno de los hechos más significativos para la cultura nipona, dando participación a las poblaciones alejadas de la capital del país.
Ocupación y Posguerra
Las autoridades japonesas, más allá de las ideas y vueltas de la cocina política bajo la “supervisión” de las autoridades estadounidenses, conservaron los principios e ideales de épocas anteriores. Bajo la presión de las fuerzas aliadas, se impulsaron distintas leyes que pretendían generar un marco de seguridad para ellos mismos. Sin embargo, las autoridades japonesas supieron tener la cintura política que les permitiese conservar la esencia aunque las formas hubieran ido cambiando.
Así, Japón desarrolló una política nacional de comunicación, la cual está, aún hoy, sustentada en los principios materializados en la Constitución del país. En primer lugar, este documento señala en su artículo 21 que queda garantizada la libertad de prensa y palabra, “como también toda otra forma de expresión”, ratificando que no se podrá mantener ningún tipo de censura ni podrá ser violado el secreto de cualquier medio de comunicación.
Por otra parte, la PNC desarrollada por el Estado japonés pretendía conducir a toda la sociedad en una misma dirección. Las dos leyes más importantes relacionadas a los medios de comunicación, la Nro. 131 y 132, así lo señalan. Más allá del análisis propiamente dicho de estas normas, lo se que observa en ellas es que se encuentran sumamente entrelazadas con otras normas a las que no estamos acostumbrados a recurrir para comprender o estudiar normas sobre radiodifusión. Estas leyes se hallan explícitamente vinculadas con la ley de educación y con el Código de Comercio del Japón.
Hoy: Digitalización de las comunicaciones
La introducción de la digitalización, las comunicaciones satelitales y la banda ancha en particular, han producido varios efectos. Por una parte, que las empresas que se distribuían el mercado de medios sean cada vez más, si se considera que ahora se deben contabilizar las empresas de telecomunicaciones. Sin embargo, cada vez más las empresas de medios como los carriers de televisión por cable, las compañías radiodifusoras y las emisoras de radio, son menos y se concentran dentro de los mismos grupos multimedia, que se hallan asociados a corporaciones cuya cartera de negocios va mucho más allá de los medios de comunicación en sí.
El que las empresas puedan ofrecer más y mejores servicios a partir de los efectos de la convergencia y la digitalización de las comunicaciones abre el juego para que todo el mercado debe estar atento a las innovaciones y a las ventajas competitivas que cada agente pueda alcanzar. Pero ya ninguno detenta la seguridad que sus contenidos o las prácticas a ellos asociados serán propiedad exclusiva de uno u otro tipo de soporte.
El grupo estatal se mantiene relativamente sólido gracias a que su campo de acción va mucho más allá de la distribución de los contenidos y sigue siendo una de las pocas empresas que dispone de los medios necesarios para la investigación, el desarrollo y la difusión de su propio trabajo en el campo de tecnología y los estudios de audiencia, sin depender de terceros. En este sentido, no olvidemos que, pese a lo mal que pueda estar la NHK, es el único multimedia que posee un 17.8% de los ingresos dentro del mercado de medios, mientras que los más de 160 radiodifusores privados se reparten 68.8% restante (el cable y los satélites se llevan 13.4% que completa el 100%).
Por el momento toda la atención parece estar centrada en la construcción de la sociedad de la información dentro del Japón. Una sociedad que ha existido, por lo menos tal cual la define el Estado japonés en sus documentos, desde el final de la Era Tokugawa, pero que ahora ve su ritmo acelerado y con muchos interrogantes a futuro.
De cualquier manera, queda claro que el establecimiento y construcción de la sociedad de la información no se ciñe únicamente a la introducción de tecnología en todos los sectores. Recordemos que durante la década del 1980 Japón registró una inversión en tecnología equivalente a las inversiones realizadas en cualquier otro campo, pero ello no derivó en un crecimiento económico o cualitativo respecto de la calidad de vida de la población (que sigue viendo cómo se incrementa el desempleo, ahora en un 5.7%). Se trata de un modo particular de comprender a la sociedad, sus necesidades y sus potencialidades. Con ella se podrá intentar hacer una sociedad más justa, tal vez.
La ventaja fundamental es que existe una base social sólida sobre la cual apoyarse, desde la cual partir, y una tradición que señala el rumbo hacia el cuál el Estado deberá conducir todas las acciones. Para ello será nuevamente necesario, e indispensable, la elaboración e implementación de un plan nacional de comunicaciones que le acompañe y le permita sustentarlo en el tiempo, pero desde una visión que le permita cruzar a todos los sectores de la sociedad. Porque, el mejor modo de llegar hasta todos, es que todos tengan las mismas oportunidades de participar en él. Pero eso, como pasa siempre con la cultura, se verá en el largo plazo.
[1] Cada Yen equivale a unos U$s 100 norteamericanos, aproximadamente.
[2] JAPON, Ministerio de Administración Pública, Asuntos Internos, Correos y Telecomunicaciones; Information and Communication in Japan. White Paper 2002, Departamento de Información y Comunicaciones, División de Políticas Generales, Tokio, 2002, p. 44.
[3] JAPON, Ministerio de Administración Pública, Asuntos internos, Correos y Telecomunicaciones; Op. Cit., p. 41.
[4] JAPON, Ministerio de Administración Pública, Asuntos internos, Correos y Telecomunicaciones; Op. Cit., p. 45
[5] “Los mejores candidatos al papel de ideal exótico son los pueblos y culturas más alejados y más ignorados” TODOROV, Tzvetan; Nosotros y los otros. Reflexión sobre la diversidad humana. México, Siglo XXI, 1991, pp. 305-306.
[6] BECERRA, Martín; Op. Cit., p. 76.