Vivir en la Sociedad de la Información -tal es el la denominación que se ha dado a nuestros tiempos- deja entrever la forma de funcionamiento de nuestra sociedad conectada.
 Por Gabriel Suárez
¿Qué es comunicación? Una pregunta que desata miles de interpretaciones, discusiones, teorías e imágenes. Precisamente eso es lo que genera la comunicación: un caos de relaciones y opiniones encontradas que tienen que ver más con lo humano que la simple, fría, disponible y económica información. Vivir en la Sociedad de la Información -tal es el la denominación que se ha dado a nuestros tiempos- deja entrever la forma de funcionamiento de nuestra sociedad conectada.
Si se admite que la comunicación pertenece al mundo de las personas, las cosas y los animales, es decir al mundo natural, quizá pueda admitirse que la información pertenece a un mundo más abstracto, al producto humano y a la forma en que las máquinas se "comunican" entre sí. En este aspecto, hablar de una Sociedad de la Información conllevaría a pensar que hablamos de una sociedad de máquinas. Esta contradicción aparente encierra una descripción bastante acertada de la forma en que nos estamos habituando a relacionarnos unos con otros.
Si seguimos el pensamiento de Zygmunt Bauman¹, podremos comprobar cómo la gente ya no se relaciona, sino que se conecta. Para el autor, relacionarse implica un gran esfuerzo, un paso de tiempo, una dedicación y un conocimiento, contraponiendo la conexión como una forma economicista de relacionarse, teniendo como características la conexión-desconexión en un mismo plano. O sea, implica el mismo esfuerzo conectarse que desconectarse, la misma utilidad. Relacionarse y dejar de relacionarse no son simétricas, cualquier persona que haya amado sabe de lo que se está hablando. Dejar de relacionarse es una ecuación que conlleva, al menos, dolor.
La Sociedad de la Información que vive conectada, online, donde el tiempo se ha suprimido, curiosamente parece no disponer de él. Ya no hay tiempo para relacionarse pero sí para establecer conexiones. Las relaciones humanas se han hecho abstracción, se han hecho un nombre en una pantalla o una dirección de mail, o a lo sumo una voz en el celular. Pero no hablamos de las relaciones más cercanas, aquellas que nos vienen donadas sanguíneamente, sino de la mayoría de las relaciones.
Las nuevas formas de "comunicación", encaradas en el marco de las modernas tecnologías, están provocando que las relaciones se conviertan en recursos. De la misma manera en que la naturaleza lo fue por la técnica, en términos heideggerianos. Estas relaciones-recursos cumplen la misma función de acumulación,
disponibilidad y distribución. Ya no se pretende comunicar sino informar, teniendo en cuenta que informar presenta una ecuación de igual a igual, sin caos ni discusiones, ni enfrentamientos, y por lo tanto, sin dolor. Bajo ningún punto de vista la comunicación es eficiente en términos matemáticos.
Aceleradamente nos estamos acostumbrando a consumir productos, personas e información instaurando una creciente forma economicista de relacionarnos con nosotros mismos y con la naturaleza. Todo intercambio humano se está dando en relaciones de utilidad. Las personas hablan menos, discuten menos, intercambian menos experiencias. Se pretende hacer creer que la comunicación es eficiente, cuando lo interesante de ella es su ineficiencia, que permite crear nuevas formas de acercarnos, de comprendernos, de aceptarnos. La información conlleva a la homogeneización de las relaciones, homogeneización forzosa.
¿Por qué nos cuesta tanto comunicarnos? Quizás porque tenemos miedo del otro, tenemos miedo del dolor, del enfrentamiento, del esfuerzo; quizás porque preferimos una pantalla a unos ojos, unas letras a una boca, un llamado a un abrazo. ¿Realmente preferimos eso? Si acaso este pensamiento le parezca demasiado apocalíptico al lector, mire abajo, a la derecha de la pantalla, y vea cómo sus personas "cercanas" son una homogeneización de "personitas azules" o "una arroba", a pasos nomás de estas letras. Por más apocalíptica opinión, la reflexión nunca está de más.
¹ BAUMAN, Zygmunt, "Amor Líquido", Fondo de Cultura Económico, Buenos Aires, 2006.
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